València y la batalla por la alimentación sostenible

Naranjos de València. Foto: Archerphoto.
Nadia Alba Berenguer

Vivir en València es un lujo en muchos sentidos. Su clima y su situación geográfica invitan a disfrutar de sus cálidas temperaturas en invierno y aprovechar sus playas en los calurosos veranos. Las múltiples actividades que ofrece la ciudad son un verdadero regalo. El ocio nocturno convive con las actividades matinales, culturales… ¡Y qué decir de su oferta gastronómica! La dieta mediterránea es uno de los modelos de alimentación más saludables del mundo. Es evidente que los valencianos somos privilegiados en este sentido. Pero… ¿Sabemos aprovechar este privilegio? Es más, ¿comemos bien en València?

2017 ha sido el año en el que nuestra ciudad ha anunciado que acogerá un Centro Mundial de Alimentación Sostenible. Para ello se convertirá en la sede de un instituto de observación, estudio e investigación sobre la capacidad alimentaria. Con esto, la capital pretende ser un referente que ayude a impulsar la mejora de los hábitos de alimentación en las ciudades. El objetivo principal es afrontar un modelo saludable, sostenible, ecológico y que sea estable. Este es el primer acuerdo que la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación (FAO), firma con una ciudad”, destaca Joan Ribó, alcalde de València. El gobierno municipal pretende que seamos fuente de inspiración a otras capitales mundiales”, añade.

Todo empezó en 2016, cuando la Organización de las Naciones Unidas para al alimentación y la Agricultura (FAO), nombró a València Capital Mundial de la Alimentación Sostenible. De este modo, la capital del Turia pasó a formar parte del Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán, un movimiento transformador que, hasta el momento, han firmado más de 160 ciudades de todo el mundo y al que muchas otras están planteando adherirse.

¿En qué consiste el Pacto de Milán?

El Pacto de Milán es el primer protocolo internacional en materia alimentaria que se realiza a nivel municipal. La iniciativa comenzó en la Exposición Universal 2015 en la ciudad de Milán y en coordinación con la FAO. En octubre de 2016, tras un proceso de votación, València fue la ciudad designada para organizar el Encuentro Anual y Cumbre de Alcaldes del Pacto de Milán de 2017. Las ciudades que lo firman se comprometen a 

“trabajar para desarrollar sistemas alimentarios sostenibles, inclusivos, resilientes, seguros y diversificados, para asegurar comida sana y accesible a todos en un marco de acción basado en los derechos, con el fin de reducir los desperdicios de alimentos y preservar la biodiversidad y, al mismo tiempo, mitigar y adaptarse a los efectos de los cambios climáticos”.

 

Para el gobierno valenciano la idea de este proyecto ha sido, desde un principio, hacer más conocido el protocolo mundial y conseguir que otros núcleos urbanos se unan al mismo. De este modo se contribuirá a que existan ciudades más justas y mejor alimentadas. Las razones por las que València se ha iniciado en este compromiso son, tal y como explica Ribó:

“Porque, en este momento, las ciudades tenemos un papel decisivo en la búsqueda de alimentos sostenibles y la promoción de dietas saludables. Porque muchas ciudades queremos hacer compatible nuestro crecimiento urbano con la supervivencia de pequeños productores de alimentos en nuestro entorno. Porque sabemos que, a través de las políticas alimentarias, podemos transformar la realidad abordando la pobreza y la sanidad, el transporte y los comercios, la energía, la educación… La mitad de la población mundial vive en las ciudades. Queremos poner nuestras experiencias en común, apoyarnos mutuamente y mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

 

El alcalde asegura que en València siempre ha habido preocupación por la alimentación y, hoy en día, sigue siendo siendo foco de atención desde muchos frentes. Recuerda que “València nació en la huerta para alimentarse de ella”. En los últimos años ha estado bastante desaprovechada, por lo que hacer de la agricultura una fuente de empleo es esencial para la ciudad. Para esto es indispensable prestar atención a la producción agrícola y todo lo que la rodea. “El agricultor ha de tener una capacidad de sobrevivir”. Insiste Ribó: València es una de las ciudades que más importa. Desde el Ayuntamiento y la Generalitat queremos potenciar y fomentar una agricultura que sea para las personas y no solo una fuente de ingresos para los profesionales”. En esa andadura Valencia no parte de cero. Es una ciudad con una gran experiencia agraria y que mantiene diversas estructuras de contacto directo entre el agricultor y el consumidor.

La huerta valenciana. Foto: Archerphoto

El producto de proximidad juega un papel muy importante en todo esto, motivo por el que han de mejorarse las cadenas de distribución. No se puede dejar de lado este tema. El propósito es valorar lo que conlleva para nuestra sociedad y su futuro. Ya existen programas en las escuelas para alimentar a niños con carencias en este aspecto. Por otro lado, también hay personas que arrastran problemas de salud debido a una mala alimentación y el acceso a productos cercanos, asequibles y de calidad puede contribuir a mejorar su situación. 

La huerta valenciana, Alboraia. Foto: Archerphoto.

La evolución del cambio climático también es preocupante, ya que actúa directamente sobre los cultivos. Cada vez llueve menos y existe una mayor emisión de gases de efecto invernadero. Ribó sostiene que “hay que ser resilientes. Debemos de irnos preparando para las sequías y las inundaciones a las que nos veremos sometidos. Es una tarea de todos, en la que hemos de trabajar conjuntamente”. Apostar por una agricultura sostenible es a la vez apostar por combatir el cambio climático. Ya se está trabajando en poner en contacto a las ciudades y poner en marcha los puntos de su compromiso.

Queremos saber tu opinión. Únete a nuestra página de Facebook y comenta.